De la ceniza a la Gloria 


Por Luis Baras

La ciudad se despierta de sus letargos. Su desperezo incipiente es ayudado por un arrullo de vientos dormidos en las espadañas de la memoria. Todo va a llegar y Sevilla lo sabe. Los Gozos perpetuos de su intuición generan esa arritmia anunciadora de que algo está a punto de hacer vibrar nuestras entrañas. La Cuaresma nos hace grandes. Nos da vitola de seres privilegiados que tienen la suerte de vivir sueños encadenados. Los fríos de invierno tienen complejo de que muy pronto serán olvidados por el tiempo perfecto. Se ponen en marcha, una vez mas, ritos y sensibilidades. Cuando la pancarta de la Primavera inicie la marcha de la manifestación de los deseos algo va a pasar. Algo importante para los sentidos. Algo va a darnos motivo de encuentro, de vida y de tradición. Devoción y cultura de la mano de sentir colectivo. Sevilla vista desde fuera podría considerarse una quimera. No se comprende tanta concentración de sueños que se hacen realidad. Solo el que apuesta por vivirlo tiene posibilidad de entenderlo y el que lo vive a veces necesita pellizcarse para saber que está pasando de verdad. 

Despacio, sobre los pies, siempre de frente

Atardeceres y cales andan de ensayo de la mano de los aromas. Los sonidos se preparan y se ennoblecen para arrancar los murmullos y las nostalgias. La ciudad se prepara como si el añorado Salvador "El penitente" fuera a llamar. "Tos por igual". Los sevillanos cogemos el compás y nos ponemos en marcha con la "levantá" de los sentires de siempre. Nadie manda. Todos responden porque todos saben como tiene que ser. Despacio, sobre los pies y siempre de frente. Así anda Sevilla. Al compás de sus pulsos y herencias. Devoción a devoción. Tradición y cultura de un pueblo que diseña cada año la mayor representación protagonizada por duendes. Parece mentira esa capacidad de mimetismo en medio de tanta duda vital, de tanto fragor político, de tanto discurso apocalíptico y anticlerical proveniente de extramuros donde es difícil la compresión de nuestro crisol de creencias y estéticas. Parece mentira que una ciudad tenga la capacidad de soñar en medio de la decadencia de las ideas y de los malos ejemplos de quien pretenden mandarnos. En medio de las desigualdades sociales. de las faltas de iniciativas para un lanzamiento industrial y comercial definitivo. Tenemos el escaparate perfecto pero nos falta la trastienda y una buena oficina de gestión de los sueños del desarrollo. La ciudad, como un buen torero ante el peso del miedo, no se descompone. Se mantiene firme en sus credenciales porque sabe el sabor que deja la miel. Nada la detiene. Ni el tiempo ni la ideología. Con presencia firme se afana en sus vibraciones y las transmite a quien la vive, y mucho mas, a quien la añora. Nada ni nadie le arrebatará a Sevilla la magia de pasar cada año de la "Ceniza a la Gloria".


Devoción a devoción...