NO CONSEGUIRÉIS DESTRUIRNOS

Por Luis Baras


Hoy adquiere vigencia de nuevo la famosa frase de Otto von Bismarck, artífice de la Unificación alemana, "España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido". Y así es. Ahí siguen erre que erre determinados políticos y sectores sociales y autonómicos, intentado acabar con la unión y tanto esfuerzo de generaciones para lograr tener un país colocado entre las principales potencias económicas del mundo. Un país con una calidad de vida que ya la quisieran para si el 80 por ciento de los demás países. Pero, de vez en cuando, es como si nos brotara el virus del deseo de acabar con nosotros mismos. De autoliquidarnos. En estos periodos surgen pseudo líderes, fantoches, nazis disfrazados de progres, iluminados, descerebrados, visionarios de pacotilla que, aprovechando la incapacidad de ese momento histórico, arrastran a la parte menos consciente y más radical y manejable hacia el abismo de la sinrazón y el populismo político. 


Si repasamos la historia estos periodos de locura y harakiri social suelen coincidir con la presencia de políticos o regidores de bajo perfil, gran ambición y poco talento. Es el modelo que se repite una y otra vez y es salvado porque el pueblo español siempre está por encima de sus dirigentes. Es la parte sana de la sociedad, que afortunadamente es mayoría, la que hace de pantalla ante tanto mediocre y tanto iluminado que intenta acabar con las bondades conseguidas. Siempre es la misma técnica. Llegan al poder prometiendo imposibles y utilizando atajos de vergüenza. Predican estar a lado de los débiles, pero ellos utilizan su momento para vivir mejor que nunca y guardarse las espaldas para siempre. Personajes que al terminar su vida pública pasan al ostracismo y no suelen ser ejemplos de nada. Siempre el mismo discurso. 


Utilizan a su antojo la historia y miran hacia atrás para denunciar el pasado porque lo más fácil de manipular es la ignorancia y arremeter contra los que ya no tienen réplica. Así intentan cabrear al personal para ser más creíbles y parecer los justicieros. Siempre se arrogan la superioridad moral. Intentan poner barreras y levantar muros entre regiones para conseguir privilegios sin importarles la redistribución ni la justicia y el equilibrio del resto de la nación como muestra de un supremacismo de asco. No se les cae la cara de vergüenza al ver a sus mayores teniendo que salir a las calles cada semana, con el miedo al futuro en el cuerpo, a reclamar vivir dignamente mientras pagan con sus carencias a lideres que pierden su tiempo en la fosa séptica de sus demagogias. ¿saben por qué salen?...Porque no se fían ni un pelo de una política que no les deja ni envejecer en paz.


Suben impuestos para provocar gastos que justifiquen su mandato y sean su escaparate porque son incapaces de hacer nacer una buena idea o una gestión eficaz. Venden aire y humo y toman al pueblo por tonto. Siempre igual. Siempre el mismo modelo. Mediocres al poder y el país de banda a banda navegando por la incertidumbre. Eso es los que nos está pasando de nuevo. Esa es nuestra triste realidad. Estamos en manos de gente sin pedigrí que solo saben sembrar odios y rencores e intentan desunir a cualquier precio. Gente que solo viene a resolver su vida y la de su trupe. El país es lo de menos. Inventan problemas donde no los hay y plantean soluciones que son imposibles. Huyen hacia adelante para tapar sus propias carencias y desmanes. Algunos son falsos, embusteros, inmorales y delincuentes. Suelen vender ideologías adulteradas en las que ni ellos mismos creen porque solo solo es el arma que pregonan de cara a la galería. Mientras ellos se quedan en la retaguardia, azuzan, adoctrinan y echan por delante a las masas, fundamentalmente a los jóvenes ávidos de sentirse protagonistas de algo, aunque sea de la estupidez.


Afortunadamente de nuevo la España de a pie, la consciente, la del esfuerzo y la realidad diaria, la de orden, la sensata, la que ya no tiene un pase, la que solo quiere vivir y que le dejen vivir los volverá a poner en su sitio. Esa España que si está orgullosa de su nombre, respeta sus leyes, su bandera, su himno y su cultura. Que es consciente de su calidad, a pesar de los muchos problemas por resolver. La que cree en la necesidad de buenos políticos de cualquier signo y considera a la política como el arte de la negociación entre todos para mejorar el bien común. La España real, la del obrero y el empresario, la del estudiante y el jubilado, la que siempre se esforzó para mejorar y tratar de ser feliz, la que nunca necesitó de esta "panda" de impresentables. La que quiere que le dejen de venenos, de locuras y de precipicios. La que siempre supo decir "NO CONSEGUIRÉIS DESTRUIRNOS".